La fotografía llegó a la vida de Guillermo como una herencia silenciosa: la mirada curiosa de su padre, capturando paisajes con una cámara Minolta, sembró en él una forma distinta de ver el mundo.
Entre montañas, frailejones, niebla y senderos dentro del movimiento scout, comenzó a descubrir su propia mirada, acompañado de una modesta cámara Kodak que le permitió congelar los paisajes de los páramos andinos.
Hoy, su lente persigue lo efímero: el vuelo casi invisible de los colibríes, donde la paciencia y la precisión se convierten en arte. Pero también encuentra belleza en lo cercano, en los retratos, donde su esposa Karina se transforma en su inspiración constante.
Fotógrafo, montañista, abogado, contador y guía de aventura, Guillermo construye imágenes desde la experiencia. Su paso por la Academia Encrudox y la mentoría de Eleant Villa han pulido una visión donde la luz y el detalle cuentan historias sin palabras, que lo describen en su lema #TuHistoriaenFotografía